Durante cinco días, con sus 24 horas completas, la Radio Nacional de Colombia estuvo presente en la ciudad de Cali, viviendo de lleno la XIII edición del Petronio Álvarez, la fiesta más importante del litoral pacífico porque reafirma una raza, una música y una cultura.
El secreto fue develado a todos los que pudimos asistir a este mágico encuentro con el piano de la selva y sus acompañantes, una experiencia imborrable por la magnitud del sentimiento musical.
Más allá de un festival con ganadores es una experiencia de vida en la que se combinan sabores, bailes, amigos, negros y blancos, chontaduros y empanadas de tollo, luladas y pinchos callejeros, bombos y cununos, mariscos y manjar blanco, bebidas afrodisíacas que te permiten entrar en conexión con esa música que jamás habías escuchado. Son los secretos del pacífico hechos canción.
Para la Radio Nacional de Colombia fue un orgullo haber estado durantes los días de festival realizando el cubrimiento y lo más importante llevando al oído de los oyentes la marimba, los violines caucanos, la versión libre y la chirimia; cuatro modalidades que se premiaron al borde las 10:40 de la noche en la plaza de toros de cañaveralejo, el día 16 de agosto, en medio de la euforia de casi veinte mil espectadores que batieron sin césar ese símbolo del gozo absoluto: el pañuelo blanco.
A lo largo de seis horas estuvimos a acompañando a nuestros oyentes dentro y fuera del país, en una experiencia única de imaginar un lugar en el que la alegría es desbordada y la música el eje principal. Es la magia de la radio, la que te permite soñar, inventar el mundo y vivir a través del sonido.
Gracias por estar con nosotros, somos LA RADIO NACIONAL DE COLOMBIA.
domingo, 23 de agosto de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
Una cita con el 'Piano de la Selva'
Por Luisa Piñeros
Radio Nacional de Colombia, presente en la XIII edición del Festival Petronio Álvarez.Comenzaremos por contar quién fue el señor Petronio Álvarez, el que por estos días anda de boca en boca, inspirando a músicos, seguidores, curiosos, novatos y afrodescendientes que se alistan para vivir de lleno la fiesta más grande del pacífico colombiano.
La maleta está empacada, con pañuelo blanco a bordo, lista para un encuentro casi sublime entre África, la Selva del Pacífico colombiano y una cultura rica en música y saberes.
“El músico colombiano Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, nació el 1 de octubre de 1914 en la Isla de Cascajal, cerca de Buenaventura, puerto del que en vida fue un enamorado y le inspiró su canción más conocida en la actualidad: “Mi Buenaventura”. Durante su infancia la música se convirtió en su principal medio de expresión, dedicándose a tocar guitarra antes de cumplir los 20 años de edad. En 1935 creó el conjunto musical “Buenaventura” y aunque la música del Pacífico fue su principal pasión, tuvo que dedicarse a oficios como el de notario y maquinista de la locomotora “La Palmera” de los Ferrocarriles Nacionales, hoy conservada como monumento nacional en Cali.
Este intérprete de sones, milongas, bambucos y currulaos, murió el 10 de diciembre de 1966 en Cali a los cincuenta y dos años. En su honor se le dio el nombre al Festival de Música del Pacifico “Petronio Álvarez”, que se celebra anualmente en Santiago de Cali.
Algunas de sus más reconocidas canciones con ritmo pacífico son: “Adiós a Colombia”, “El Cauca”, “Viendo Correr”, “Bome”, “Adiós al Puerto”, “Roberto Cuero”, “Cali, ciudad sultana” y el currulao “Mi Buenaventura”, que después de la primera grabación con Tito Cortés y Los Trovadores de Barú se popularizó en muchas otras voces y llegó a ser conocido como Himno de Buenaventura.
“Entre el 13 y el 16 de agosto la Plaza de toros de Cañaveralejo, ubicada en la Quinta con Guadalupe, se prepara para recibir diariamente a más de 15 mil espectadores para celebrar la XIII del Festival de la Música del Pacífico Petronio Álvarez. Un encuentro en el que se reivindican los valores culturales de nuestros afrodescendientes a través de la música.
Participantes de diferentes regiones del país, compiten durante cuatro días en las modalidades de “Versión Libre“, “Marimba”, “violines caucanos” y “Chirimía”. Estas cuatro categorías son la plataforma para vivir en medio de marimbas de chonta, cununos, guasa, baile, gastronomía, viche, tumbacatre, tomaseca y pañuelos blancos un encuentro inolvidable con los sonidos del litoral pacífico y su madre África.
Nombres como canalón, Herencia, Alegres de Timbiquí, Grupo Bahia, Chocquibtown, La Revuelta, chigualito, Nuevo Amanecer, Buscajá, Chonta cuero y Bambú, Grupo Palmeras, Ritmo Son, y cientos más, han hecho parte y estarán por primera vez batiéndose cara a cara con el público que mide la temperatura y la calidad del grupo en tarima según los hagan bailar.
La Radio Nacional de Colombia cubrirá el festival y transmitirá en directo el domingo 16 de agosto, de 5:00 p.m. a 11:00 p.m. Durante cuatro días todo girará en torno al bunde, bambucos viejos, jugas, currulaos, trajes con vistosos colores y la fuerza de una raza que está más viva que nunca.
El Homenaje del Año - José Antonio Torres – “Gualajo”“El pianista de la selva”El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez rinde homenaje a José Antonio Torres “Gualajo” maestro de la marimba, catalogado por el Ministerio de Cultura como el mayor conocedor y mejor intérprete de la marimba de chonta, que ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura con la medalla al mérito cultural que por los logros del músico en el exterior y en la conservación de los ritmos del pacífico.
No se pierda un solo detalle a través de nuestras 28 estaciones en todo el país y en nuestra página web www.radionacionaldecolombia.gov.co.
Participantes y Categorías
Versión Libre
Macharé de Buenaventura Valle, Karanganó de Cali, Guapi Son de Guapi Cauca, Esteros del Manglar de Cali, Pacifi Son de Buenaventura, Universidad Tecnológica del Chocó de Quibdó, Linaje de Pereira, Phoclórica de Bogotá, Grupo Chigualito de Bogotá, Ensamble Marimba Clarinete de Esmeralda Ecuador, Grupo Bentú Istmina Chocó, Mani Son Brothers de Cali, Tierradentro de Medellín, Sol Marea de la Tola de Cali, Chonta Urbana Guapi Cauca, Hojitas de Naranjo de Cali, Grupo folclórico Marimbas Bantúes de Medellín, Afroetnia de Palmira, Sin Nombre Son de Cali,Grupo los Porrongos IPC de Cali, Bareke Star de Bogotá, Palenke Abakwa de Bogotá, Asociación Afro Cultural Bambuco de Mosquera Ecuador, Jao y Malon de Florida Valle, Chirimía Orquesta Oro y Plata de la Universidad Pedagógica Nacional –Bogotá, Machanqueo Breiner Balanta Suarez, La Mojarra eléctrica de Bogotá, Grupo Folclórico Berejú de Cali.
Marimba
Tambores de la noche- Buenaventura, Boncará- Nariño, La juga-Palmira, Remolinos de oveja-Suarez, Grupo Folclórico Pura Sangre -Cali , Corporación de Música Tradicional Changó -Tumaco Nariño , Palmeras del Pacífico -Buenaventura , Chonta, cuero y Bambú-Ecuador , Fundación folclórica Manglares - Pradera Valle , Tulúa Negra –Tuluá , Nuevo amanecer-Bahía Málaga, Bombo y Guazá-Tumaco, Integración mi Caiceña-López de Micay Nariño- Tatabro- Cerrito Voces de la Marea-Guapi- Rio Timbiquí Timbiquí, Grupo Innovación Timbiquí, Santa Bárbara de Timbiquí , Renacer Saijeño Petrona Timbiquí, Estampas Folclóricas del Pacífico- Buenaventura, Alborada -Guapi Cauca, Ruiseñores del Pacífico –Buenaventura, Raíces Africanas-Buenaventura, Los Caracoles Cantoré del litoral pacífico –Buenaventura, Grupo Buscajá-Buenaventura, Tambores de la noche- Buenaventura, Matamba -Buenaventura, Huellas Africanas-Buenaventura, Pregones del Manglar- Buenaventura.
Violines Caucanos
Cantoras del Patía- Patía Cauca, Son del Tuno-Palmira Valle- Brisas de Catalina-Buenos Aires Cauca, Dejando Huellas- Puerto Tejada Cauca, Brisas de San Miguel-Vereda de San Miguel Cauca, Tambores del Cauca Suarez Cauca, Nuevo Amanecer Afro-Honduras Cauca, Auroras del Amanecer-Suarez Cauca, Caña Brava- La Toma Suarez, Grupo Musical Renovación-Coloto Cauca, Pluma Blanca- , Aires de Dominguillo.
Chirimía
Nostalgia Chirimía- Quibdó Chocó, La Chocuanita-A ntioquia, Ensueños del Pacífico Quibdó Chocó, Tanguí Chirimía, Quibdó Chocó , Tamborè Chirimía Quibdó Chocó, Raíces de Guajuí –Guapi Cauca, Somos Madera Quibdó Chocó, Grupo Mi Raza – Cali, Herencia Feminista Quibdó, Grupo África - Palmira Valle, Pinchindé-Quibdó Chocó, Son Bacoso, Golpe Femenino, Ancestros del Rio Napi, Choiba.
Radio Nacional de Colombia todos los sonidos en el Petronio Álvarez.
Radio Nacional de Colombia, presente en la XIII edición del Festival Petronio Álvarez.Comenzaremos por contar quién fue el señor Petronio Álvarez, el que por estos días anda de boca en boca, inspirando a músicos, seguidores, curiosos, novatos y afrodescendientes que se alistan para vivir de lleno la fiesta más grande del pacífico colombiano.
La maleta está empacada, con pañuelo blanco a bordo, lista para un encuentro casi sublime entre África, la Selva del Pacífico colombiano y una cultura rica en música y saberes.
“El músico colombiano Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, nació el 1 de octubre de 1914 en la Isla de Cascajal, cerca de Buenaventura, puerto del que en vida fue un enamorado y le inspiró su canción más conocida en la actualidad: “Mi Buenaventura”. Durante su infancia la música se convirtió en su principal medio de expresión, dedicándose a tocar guitarra antes de cumplir los 20 años de edad. En 1935 creó el conjunto musical “Buenaventura” y aunque la música del Pacífico fue su principal pasión, tuvo que dedicarse a oficios como el de notario y maquinista de la locomotora “La Palmera” de los Ferrocarriles Nacionales, hoy conservada como monumento nacional en Cali.
Este intérprete de sones, milongas, bambucos y currulaos, murió el 10 de diciembre de 1966 en Cali a los cincuenta y dos años. En su honor se le dio el nombre al Festival de Música del Pacifico “Petronio Álvarez”, que se celebra anualmente en Santiago de Cali.
Algunas de sus más reconocidas canciones con ritmo pacífico son: “Adiós a Colombia”, “El Cauca”, “Viendo Correr”, “Bome”, “Adiós al Puerto”, “Roberto Cuero”, “Cali, ciudad sultana” y el currulao “Mi Buenaventura”, que después de la primera grabación con Tito Cortés y Los Trovadores de Barú se popularizó en muchas otras voces y llegó a ser conocido como Himno de Buenaventura.
“Entre el 13 y el 16 de agosto la Plaza de toros de Cañaveralejo, ubicada en la Quinta con Guadalupe, se prepara para recibir diariamente a más de 15 mil espectadores para celebrar la XIII del Festival de la Música del Pacífico Petronio Álvarez. Un encuentro en el que se reivindican los valores culturales de nuestros afrodescendientes a través de la música.
Participantes de diferentes regiones del país, compiten durante cuatro días en las modalidades de “Versión Libre“, “Marimba”, “violines caucanos” y “Chirimía”. Estas cuatro categorías son la plataforma para vivir en medio de marimbas de chonta, cununos, guasa, baile, gastronomía, viche, tumbacatre, tomaseca y pañuelos blancos un encuentro inolvidable con los sonidos del litoral pacífico y su madre África.
Nombres como canalón, Herencia, Alegres de Timbiquí, Grupo Bahia, Chocquibtown, La Revuelta, chigualito, Nuevo Amanecer, Buscajá, Chonta cuero y Bambú, Grupo Palmeras, Ritmo Son, y cientos más, han hecho parte y estarán por primera vez batiéndose cara a cara con el público que mide la temperatura y la calidad del grupo en tarima según los hagan bailar.
La Radio Nacional de Colombia cubrirá el festival y transmitirá en directo el domingo 16 de agosto, de 5:00 p.m. a 11:00 p.m. Durante cuatro días todo girará en torno al bunde, bambucos viejos, jugas, currulaos, trajes con vistosos colores y la fuerza de una raza que está más viva que nunca.
El Homenaje del Año - José Antonio Torres – “Gualajo”“El pianista de la selva”El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez rinde homenaje a José Antonio Torres “Gualajo” maestro de la marimba, catalogado por el Ministerio de Cultura como el mayor conocedor y mejor intérprete de la marimba de chonta, que ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura con la medalla al mérito cultural que por los logros del músico en el exterior y en la conservación de los ritmos del pacífico.
No se pierda un solo detalle a través de nuestras 28 estaciones en todo el país y en nuestra página web www.radionacionaldecolombia.gov.co.
Participantes y Categorías
Versión Libre
Macharé de Buenaventura Valle, Karanganó de Cali, Guapi Son de Guapi Cauca, Esteros del Manglar de Cali, Pacifi Son de Buenaventura, Universidad Tecnológica del Chocó de Quibdó, Linaje de Pereira, Phoclórica de Bogotá, Grupo Chigualito de Bogotá, Ensamble Marimba Clarinete de Esmeralda Ecuador, Grupo Bentú Istmina Chocó, Mani Son Brothers de Cali, Tierradentro de Medellín, Sol Marea de la Tola de Cali, Chonta Urbana Guapi Cauca, Hojitas de Naranjo de Cali, Grupo folclórico Marimbas Bantúes de Medellín, Afroetnia de Palmira, Sin Nombre Son de Cali,Grupo los Porrongos IPC de Cali, Bareke Star de Bogotá, Palenke Abakwa de Bogotá, Asociación Afro Cultural Bambuco de Mosquera Ecuador, Jao y Malon de Florida Valle, Chirimía Orquesta Oro y Plata de la Universidad Pedagógica Nacional –Bogotá, Machanqueo Breiner Balanta Suarez, La Mojarra eléctrica de Bogotá, Grupo Folclórico Berejú de Cali.
Marimba
Tambores de la noche- Buenaventura, Boncará- Nariño, La juga-Palmira, Remolinos de oveja-Suarez, Grupo Folclórico Pura Sangre -Cali , Corporación de Música Tradicional Changó -Tumaco Nariño , Palmeras del Pacífico -Buenaventura , Chonta, cuero y Bambú-Ecuador , Fundación folclórica Manglares - Pradera Valle , Tulúa Negra –Tuluá , Nuevo amanecer-Bahía Málaga, Bombo y Guazá-Tumaco, Integración mi Caiceña-López de Micay Nariño- Tatabro- Cerrito Voces de la Marea-Guapi- Rio Timbiquí Timbiquí, Grupo Innovación Timbiquí, Santa Bárbara de Timbiquí , Renacer Saijeño Petrona Timbiquí, Estampas Folclóricas del Pacífico- Buenaventura, Alborada -Guapi Cauca, Ruiseñores del Pacífico –Buenaventura, Raíces Africanas-Buenaventura, Los Caracoles Cantoré del litoral pacífico –Buenaventura, Grupo Buscajá-Buenaventura, Tambores de la noche- Buenaventura, Matamba -Buenaventura, Huellas Africanas-Buenaventura, Pregones del Manglar- Buenaventura.
Violines Caucanos
Cantoras del Patía- Patía Cauca, Son del Tuno-Palmira Valle- Brisas de Catalina-Buenos Aires Cauca, Dejando Huellas- Puerto Tejada Cauca, Brisas de San Miguel-Vereda de San Miguel Cauca, Tambores del Cauca Suarez Cauca, Nuevo Amanecer Afro-Honduras Cauca, Auroras del Amanecer-Suarez Cauca, Caña Brava- La Toma Suarez, Grupo Musical Renovación-Coloto Cauca, Pluma Blanca- , Aires de Dominguillo.
Chirimía
Nostalgia Chirimía- Quibdó Chocó, La Chocuanita-A ntioquia, Ensueños del Pacífico Quibdó Chocó, Tanguí Chirimía, Quibdó Chocó , Tamborè Chirimía Quibdó Chocó, Raíces de Guajuí –Guapi Cauca, Somos Madera Quibdó Chocó, Grupo Mi Raza – Cali, Herencia Feminista Quibdó, Grupo África - Palmira Valle, Pinchindé-Quibdó Chocó, Son Bacoso, Golpe Femenino, Ancestros del Rio Napi, Choiba.
Radio Nacional de Colombia todos los sonidos en el Petronio Álvarez.
viernes, 10 de julio de 2009
ALFONSO CÓRDOBA, MÁS “BRUJO” POR SABIO QUE POR “DIABLO”
Por José Fernando Perilla
Luego de 83 años de existencia, el pasado 26 de junio Alfonso Córdoba falleció en Quibdó, ciudad que de manera análoga al propio “Brujo”, como mejor se le conoció a este ilustre personaje, está ubicada en el corazón del departamento del Chocó. Allí mismo nació “El brujo” en el año 1926, cuando el misterio del río Atrato guardaba con celo miles de historias y vivencias propias del negro colombiano.
Siendo uno de los más reconocidos músicos del pacífico colombiano, la obra del “Brujo” es homenaje a la tierra en que formó desde pequeño un talento especial para escribir canciones; y también homenaje a su padre, boga de profesión que además del transporte, tuvo a cargo entretener todos aquellos pasajeros que definieron su existencia con las bondades del río. Allí identifico el meritorio “Brujo” las fuentes para innumerables cantos y cuentos que se suman a labores que realizó como orfebre, carpintero, joyero, calígrafo y constructor de instrumentos, con los que amenizó desde bailes y fiestas locales hasta medianos conciertos en diversas ciudades de Colombia.
La música del “Brujo” responde en gran medida a la tradición cubana, influyente en toda Colombia desde los albores de la industria discográfica y la radiodifusión. Además de los tríos de boleros, a la orden del día estuvieron sonoridades tipo sexteto y orquestales tipo “Sonora Matancera”, en la programación de emisoras como CMQ y Radio Progreso, que desde Cuba propagaron por buena parte del caribe el sentir musical de la Habana, llegando incluso hasta aquel remoto departamento colombiano.
Por entonces, años 30, 40, la navegación a vapor incrementaba su presencia en el río Atrato, lo que puso en contacto creciente a Quibdo con el planeta. Para el desarrollo musical es de destacar la llegada de los discos y sus aparatos reproductores, además de personas foráneas con sus propias tradiciones. Estas fueron condiciones para el surgimiento de una generación de gran cuantía a la que pertenecieron, además del “Brujo”, músicos como Aristarco Perea, Augusto Lozano, Gastón Guerrero, Ignacio Hinestroza “Chagualo”, Víctor Dueñas Porras, Lucho Rentería “Cayayo” y Neptolio Córdoba, entre muchos otros.
Pero no fue solo Quibdo el contexto musical del “Brujo”, y no fue el Atrato el único río que subió y bajó. También recorrió el Baudó y el San Juan, ríos del Choco que van a dar al Pacífico en tierras de Chirimía y Marimba. El Atrato por su parte desemboca en un caribe bullerenguero, sextetero y de bandas. Con 20 años de edad el “Brujo” la pasó entre Cartagena y Barranquilla, donde ratificó su reconocimiento como constructor de muñecos y disfraces para gozar en carnaval, una faceta que ya venía en desarrollo desde la infancia.
En la capital del Atlántico “El Brujo” conformó “Los Mayorales del ritmo”. Inmerso en la industria musical, se movilizó con esta a la ciudad de Medellín. Su voz quedó registrada como parte de los coros de una agrupación insigne del denominado “chucu chucu”, nada menos que los “Teen Agers”. Con este tipo de propuestas, “Brujo” a bordo, se dio inicio en los años 60 a una nueva etapa para el desarrollo musical con base en la tradición del caribe, de la que hoy seguimos recogiendo variados frutos.
De nuevo en Quibdo, por el año 63 el “Brujo” conformó “Los negros del Ritmo”, agrupación a la que pertenecieron Gerardo Rendón y Julio Cesar Valdés, integrantes del “Trío Atrato” con quienes grabó tres de sus canciones cerca de 40 años después. De esta agrupación, “Los negritos...”, se conoce una hermosa fotografía incluida en el folleto del disco “El Brujo y su timba – Música del viejo Chocó”. Allí encontramos al Brujo, inmerso en un formato que incluye trompeta, dos saxos, guitarra, conga y timbal. Y qué contento se le ve, lástima que no se le escuche.
“Los negritos del ritmo”, nos cuentan allí al lado de la foto, estuvo sonando entre el 62 y el 73. La época de otro grande del pacífico colombiano, Peregoyo y su Combo Vacaná. Quizá algo similar haya sido su sonido. Luego vinieron dos bandas, “El Brujo y su Timba” y “El Brujo y su banda”, como preámbulo para un corta participación del “Brujo” en la nómina del “Grupo Niche” durante los años 80, cuando se radicó en la ciudad de Bogotá. Por ese entonces la “Orquesta Guayacán” publicaba su segundo disco “Que la sangre se alborote”, 1987, que incluyó “Son Cepillao con Minué”, tema del “Brujo” que se convirtió en un éxito de la agrupación, motivo por el cual fue incluido nueve años más tarde en una compilación de 16 grandes éxitos de la orquesta, “La otra cara”.
Otros éxitos del “Brujo” en manos de “Guayacán”, fueron la canciones “Vano retorno” y “Nostalgia africana”, canción esta que por otros lares grabó Yuri Buenaventura. “Mojarra eléctrica” incluyó en “Raza”, su segunda producción, “La Pataleta”. Estos registros de sus canciones en el medio discográfico se suman al álbum “Los brujos del son”, que Alfonso Córdoba grabó en 1989 en compañía del vocalista chocoano Napoleón Cossio y al disco titulado “Nostalgia africana” del año 1998.
En cuanto a sus agrupaciones no sobra mencionar además a “El Brujo y su banda”, “Grupo Africanto”, “Sukundún” y “Raza”. Fue esta la forma que encontró Alfonso Córdoba para dejar plasmado su talento e inagotable imaginación. Tristemente, en la actualidad se consiguen solo dos discos, uno junto al mencionado Trío Atrato, “Chocó, cantos de río, selva y ciudad” y lo más reciente, “El brujo y su Timba, música del viejo Chocó”, dos producciones realizadas por Guana Records, a cuyas notas se deben buena parte de los datos consignados en este escrito.
El sabio “Brujo” tuvo la fortuna de vivir en carne propia un tormentoso y a la vez paradisíaco siglo. La industria musical, emergente en el momento que dio rienda suelta a sus aventuras, reconoció muy poco su particular talento. Ahora, en la recta final, jóvenes entusiastas se dieron a la tarea de desenterrar aquella leyenda, por lo cual esperamos como póstumo homenaje, la publicación de al menos dos documentales sobre su vida y su basto numero de canciones.
Paz en la tumba del “Brujo” y felicidad para los vivos que podemos recordarlo por sus valiosas canciones.
Luego de 83 años de existencia, el pasado 26 de junio Alfonso Córdoba falleció en Quibdó, ciudad que de manera análoga al propio “Brujo”, como mejor se le conoció a este ilustre personaje, está ubicada en el corazón del departamento del Chocó. Allí mismo nació “El brujo” en el año 1926, cuando el misterio del río Atrato guardaba con celo miles de historias y vivencias propias del negro colombiano.
Siendo uno de los más reconocidos músicos del pacífico colombiano, la obra del “Brujo” es homenaje a la tierra en que formó desde pequeño un talento especial para escribir canciones; y también homenaje a su padre, boga de profesión que además del transporte, tuvo a cargo entretener todos aquellos pasajeros que definieron su existencia con las bondades del río. Allí identifico el meritorio “Brujo” las fuentes para innumerables cantos y cuentos que se suman a labores que realizó como orfebre, carpintero, joyero, calígrafo y constructor de instrumentos, con los que amenizó desde bailes y fiestas locales hasta medianos conciertos en diversas ciudades de Colombia.
La música del “Brujo” responde en gran medida a la tradición cubana, influyente en toda Colombia desde los albores de la industria discográfica y la radiodifusión. Además de los tríos de boleros, a la orden del día estuvieron sonoridades tipo sexteto y orquestales tipo “Sonora Matancera”, en la programación de emisoras como CMQ y Radio Progreso, que desde Cuba propagaron por buena parte del caribe el sentir musical de la Habana, llegando incluso hasta aquel remoto departamento colombiano.
Por entonces, años 30, 40, la navegación a vapor incrementaba su presencia en el río Atrato, lo que puso en contacto creciente a Quibdo con el planeta. Para el desarrollo musical es de destacar la llegada de los discos y sus aparatos reproductores, además de personas foráneas con sus propias tradiciones. Estas fueron condiciones para el surgimiento de una generación de gran cuantía a la que pertenecieron, además del “Brujo”, músicos como Aristarco Perea, Augusto Lozano, Gastón Guerrero, Ignacio Hinestroza “Chagualo”, Víctor Dueñas Porras, Lucho Rentería “Cayayo” y Neptolio Córdoba, entre muchos otros.
Pero no fue solo Quibdo el contexto musical del “Brujo”, y no fue el Atrato el único río que subió y bajó. También recorrió el Baudó y el San Juan, ríos del Choco que van a dar al Pacífico en tierras de Chirimía y Marimba. El Atrato por su parte desemboca en un caribe bullerenguero, sextetero y de bandas. Con 20 años de edad el “Brujo” la pasó entre Cartagena y Barranquilla, donde ratificó su reconocimiento como constructor de muñecos y disfraces para gozar en carnaval, una faceta que ya venía en desarrollo desde la infancia.
En la capital del Atlántico “El Brujo” conformó “Los Mayorales del ritmo”. Inmerso en la industria musical, se movilizó con esta a la ciudad de Medellín. Su voz quedó registrada como parte de los coros de una agrupación insigne del denominado “chucu chucu”, nada menos que los “Teen Agers”. Con este tipo de propuestas, “Brujo” a bordo, se dio inicio en los años 60 a una nueva etapa para el desarrollo musical con base en la tradición del caribe, de la que hoy seguimos recogiendo variados frutos.
De nuevo en Quibdo, por el año 63 el “Brujo” conformó “Los negros del Ritmo”, agrupación a la que pertenecieron Gerardo Rendón y Julio Cesar Valdés, integrantes del “Trío Atrato” con quienes grabó tres de sus canciones cerca de 40 años después. De esta agrupación, “Los negritos...”, se conoce una hermosa fotografía incluida en el folleto del disco “El Brujo y su timba – Música del viejo Chocó”. Allí encontramos al Brujo, inmerso en un formato que incluye trompeta, dos saxos, guitarra, conga y timbal. Y qué contento se le ve, lástima que no se le escuche.
“Los negritos del ritmo”, nos cuentan allí al lado de la foto, estuvo sonando entre el 62 y el 73. La época de otro grande del pacífico colombiano, Peregoyo y su Combo Vacaná. Quizá algo similar haya sido su sonido. Luego vinieron dos bandas, “El Brujo y su Timba” y “El Brujo y su banda”, como preámbulo para un corta participación del “Brujo” en la nómina del “Grupo Niche” durante los años 80, cuando se radicó en la ciudad de Bogotá. Por ese entonces la “Orquesta Guayacán” publicaba su segundo disco “Que la sangre se alborote”, 1987, que incluyó “Son Cepillao con Minué”, tema del “Brujo” que se convirtió en un éxito de la agrupación, motivo por el cual fue incluido nueve años más tarde en una compilación de 16 grandes éxitos de la orquesta, “La otra cara”.
Otros éxitos del “Brujo” en manos de “Guayacán”, fueron la canciones “Vano retorno” y “Nostalgia africana”, canción esta que por otros lares grabó Yuri Buenaventura. “Mojarra eléctrica” incluyó en “Raza”, su segunda producción, “La Pataleta”. Estos registros de sus canciones en el medio discográfico se suman al álbum “Los brujos del son”, que Alfonso Córdoba grabó en 1989 en compañía del vocalista chocoano Napoleón Cossio y al disco titulado “Nostalgia africana” del año 1998.
En cuanto a sus agrupaciones no sobra mencionar además a “El Brujo y su banda”, “Grupo Africanto”, “Sukundún” y “Raza”. Fue esta la forma que encontró Alfonso Córdoba para dejar plasmado su talento e inagotable imaginación. Tristemente, en la actualidad se consiguen solo dos discos, uno junto al mencionado Trío Atrato, “Chocó, cantos de río, selva y ciudad” y lo más reciente, “El brujo y su Timba, música del viejo Chocó”, dos producciones realizadas por Guana Records, a cuyas notas se deben buena parte de los datos consignados en este escrito.
El sabio “Brujo” tuvo la fortuna de vivir en carne propia un tormentoso y a la vez paradisíaco siglo. La industria musical, emergente en el momento que dio rienda suelta a sus aventuras, reconoció muy poco su particular talento. Ahora, en la recta final, jóvenes entusiastas se dieron a la tarea de desenterrar aquella leyenda, por lo cual esperamos como póstumo homenaje, la publicación de al menos dos documentales sobre su vida y su basto numero de canciones.
Paz en la tumba del “Brujo” y felicidad para los vivos que podemos recordarlo por sus valiosas canciones.
jueves, 2 de julio de 2009
LOS SABORES DEL PORRO
San Pelayo –Córdoba – Colombia
Por Luisa Piñeros
El porro se cultiva silvestremente en el patio de las casas cordobesas. En los solares se toca, en la plaza se baila, en las escuelas se enseña.
Dentro del ADN de los habitantes de la región, vienen incluidos bombardinos, clarinetes, trompetas, redoblantes, bombos, platillos y voces que por décadas han ayudado a consolidar un movimiento musical que reafirma la identidad sínuense.
El Festival del Porro de San Pelayo celebró durante el 26 y el 29 de Junio, su edición número 33, iniciando desde 1977 de forma rudimentaria pero con la intuición de poner al porro en el status que ha ganado en estos largos años.
Pisar tierra pelayera es entrar en un mundo desconocido en el que poco a poco sus habitantes se encargan de mostrar. Así como las puertas de las casas permanecen abiertas, los corazones están de par en par para compartir con foráneos como yo.
El festival se empieza a vivir justo en el momento en el que las bandas hacen su arribo una tras otra a la plaza principal. Su carta de presentación y la manera de decir aquí llegamos, es la interpretación de algún porro tapado, palitiao, fandango o cumbión. Con esa primera impresión, los espectadores y lugareños, empiezan a tomarle la temperatura a los concursantes.
Las noches en la tarima Maria Varila estuvieron llenas de notas en diferentes géneros. Como preámbulo a la mágica Alborada, los motores los calentamos con Adriana Lucia, Juancho Torres y su Orquesta, La Banda Maria varilla de san Pelayo, el cuarteto Oreste ( hijos de Pablo Flores ), y la banda 20 de diciembre de Cotorra. Con toda esta música encima, la descarga llegó a eso de las 4 de la mañana, recibiendo el alba, dándole los buenos días al porro. Durante casi dos horas emprendimos un recorrido detrás de las bandas que iban rumbo a la tarima principal para entre todas conformar la Gran Banda Pelayera. Más de 500 músicos en tarima, interpretando al unisino el himno nacional ; temas como “ soy Pelayero “ y el gran cierre con el “ Maria Varilla “, el más representativo del festival. Justo en ese momento de alucinación sonora, tuve un instante de lucidez para entender que el porro es una actitud, un rito místico y religioso, una danza, una forma culinaria, una energía que se mete por los pies y desemboca en un baile incitador, coqueto, femenino, donde tienes que bailar con los brazos arriba, abrazando al viento que trae los sonidos para tu alma.
Solo puedes sonreír ante el espasmo de emociones que produce vivr una alborada. Te olvidas de dónde vienes, dejas de existir como individuo para entregarte al regocijo colectivo, a la dicha de existir, a la gracia de estar vivo , al placer del baile. El cuerpo se transforma, el porro está vivo.
En san Pelayo no se duerme, se toma ron y se baila en cada esquina. Se viven los desfiles callejeros, se come sancocho pelayero, diabolines, suero con yuca, se toma jugo de carambolo, te refrescas con raspado de colores, te emparrandas con la gente , te enamoras en la rueda de fandango, te entregas a la música y ella te recibe con la calidez que tienen las cosas sencillas.
Este festival es la consecuencia de una herencia musical que se ha pasado de forma oral y también enseñada. De niños ya están contagiados con su cultura, la defienden , la bailan con sus tías, la tocan en las calles. El sabor que queda luego de convivir durante cuatro días con estas personas que parecieras conocer de siempre, es de gratitud por no dejar morir sus tradiciones, por hacerle resistencia a esos híbridos culturales del mundo moderno. En sus hogares se vive la fiesta y las tarimas son el espacio propicio para recordar la importancia del baile. Cada año, los pelayeros se engalanan para mostrar lo mejor de su cultura, son grandes anfitriones, y desde ahora, grandes amigos mios del porro.
Costeños de agua dulce, cienagueros , habitantes de la riviera del sinú , gracias por tan bellos sonidos. Si la vida lo permite empacaré mi mochila, mi sombrero 21 vueltas y un par de sandalias para no parar de bailar.
Que vivan los sabores del porro.
Por Luisa Piñeros
El porro se cultiva silvestremente en el patio de las casas cordobesas. En los solares se toca, en la plaza se baila, en las escuelas se enseña.
Dentro del ADN de los habitantes de la región, vienen incluidos bombardinos, clarinetes, trompetas, redoblantes, bombos, platillos y voces que por décadas han ayudado a consolidar un movimiento musical que reafirma la identidad sínuense.
El Festival del Porro de San Pelayo celebró durante el 26 y el 29 de Junio, su edición número 33, iniciando desde 1977 de forma rudimentaria pero con la intuición de poner al porro en el status que ha ganado en estos largos años.
Pisar tierra pelayera es entrar en un mundo desconocido en el que poco a poco sus habitantes se encargan de mostrar. Así como las puertas de las casas permanecen abiertas, los corazones están de par en par para compartir con foráneos como yo.
El festival se empieza a vivir justo en el momento en el que las bandas hacen su arribo una tras otra a la plaza principal. Su carta de presentación y la manera de decir aquí llegamos, es la interpretación de algún porro tapado, palitiao, fandango o cumbión. Con esa primera impresión, los espectadores y lugareños, empiezan a tomarle la temperatura a los concursantes.
Las noches en la tarima Maria Varila estuvieron llenas de notas en diferentes géneros. Como preámbulo a la mágica Alborada, los motores los calentamos con Adriana Lucia, Juancho Torres y su Orquesta, La Banda Maria varilla de san Pelayo, el cuarteto Oreste ( hijos de Pablo Flores ), y la banda 20 de diciembre de Cotorra. Con toda esta música encima, la descarga llegó a eso de las 4 de la mañana, recibiendo el alba, dándole los buenos días al porro. Durante casi dos horas emprendimos un recorrido detrás de las bandas que iban rumbo a la tarima principal para entre todas conformar la Gran Banda Pelayera. Más de 500 músicos en tarima, interpretando al unisino el himno nacional ; temas como “ soy Pelayero “ y el gran cierre con el “ Maria Varilla “, el más representativo del festival. Justo en ese momento de alucinación sonora, tuve un instante de lucidez para entender que el porro es una actitud, un rito místico y religioso, una danza, una forma culinaria, una energía que se mete por los pies y desemboca en un baile incitador, coqueto, femenino, donde tienes que bailar con los brazos arriba, abrazando al viento que trae los sonidos para tu alma.
Solo puedes sonreír ante el espasmo de emociones que produce vivr una alborada. Te olvidas de dónde vienes, dejas de existir como individuo para entregarte al regocijo colectivo, a la dicha de existir, a la gracia de estar vivo , al placer del baile. El cuerpo se transforma, el porro está vivo.
En san Pelayo no se duerme, se toma ron y se baila en cada esquina. Se viven los desfiles callejeros, se come sancocho pelayero, diabolines, suero con yuca, se toma jugo de carambolo, te refrescas con raspado de colores, te emparrandas con la gente , te enamoras en la rueda de fandango, te entregas a la música y ella te recibe con la calidez que tienen las cosas sencillas.
Este festival es la consecuencia de una herencia musical que se ha pasado de forma oral y también enseñada. De niños ya están contagiados con su cultura, la defienden , la bailan con sus tías, la tocan en las calles. El sabor que queda luego de convivir durante cuatro días con estas personas que parecieras conocer de siempre, es de gratitud por no dejar morir sus tradiciones, por hacerle resistencia a esos híbridos culturales del mundo moderno. En sus hogares se vive la fiesta y las tarimas son el espacio propicio para recordar la importancia del baile. Cada año, los pelayeros se engalanan para mostrar lo mejor de su cultura, son grandes anfitriones, y desde ahora, grandes amigos mios del porro.
Costeños de agua dulce, cienagueros , habitantes de la riviera del sinú , gracias por tan bellos sonidos. Si la vida lo permite empacaré mi mochila, mi sombrero 21 vueltas y un par de sandalias para no parar de bailar.
Que vivan los sabores del porro.
sábado, 13 de junio de 2009
EDSON VELANDIA... ¡¡¿QUIENEJESEMÁN?!!
Edson Velandia. Nombre que no dice mayor cosa, poco sonoro, nada pegajoso. Una de esas particulares generalidades. En el ámbito de la “música nacional”, tal vez alguno recuerde, con el apellido, lo de la vereda de tal en la inolvidable “Cucharita”, de Velosa. Pero no le hace, Edson Velandia, gran anónimo, no es de Saboyá; nació en Piedecuesta, departamento de Santander.
A continuación un breve perfil del personaje, inspirado en su música (es músico, si señoras), en sus discos y en lo conmovedor de su presencia cuando decide pararse en el escenario. Aquí no hablamos de carrera, mejor referirse a una trocha de experiencias de eso que a falta de etiqueta se puede denominar “perspectiva interdisciplinaria”. Cuidado con las ramas.
Cuenta Velandia con la nada despreciable cifra de cinco producciones discográficas, aunque no todas hechas por el solito. De primerazo, un disco que pudo ser, pero no fue, un gran paso en no se sabe qué dirección, solo se sabe que gran paso. La agrupación “Cabuya”, que jugó con Edson en la delantera, dio a conocer su primer trabajo en el año 2004. Decimos que “pudo ser” porque “Comienza el garroteo”, como se titula el ejemplar, es uno de esos casos con los que, tristemente, “no paso nada”.
Pasó mucho en realidad, pero nada prosperó. Como que sí se conoció Cabuya, como que no, y todos los conciertos en Bogotá se llenaban, pero entonces, cuando se animaron a trastearse de Bucaramanga a la temible capital, pues el capital mismo se encargó de reventarlos. El primero en salir a volar fue don Velandia. Aquí que no peco dijo y de una vez fue que empacando la maleta agarró su soberana y de vuelta pa’ Piedecuesta, su pueblo. Sin echarle mucho lápiz, puede decirse que un gran logro de esa etapa fue allanar terreno para nuevas producciones.
Entre el año 2006 y el 2007, Edson habitaba a ratos en la casa de su padre, Germán Velandia, otro de esos indomables del verbo musical. Lo saludé de mano un domingo cuando muy atento del esférico, don Germán esperaba el gran evento de la tarde viendo la televisión. Aún me cuesta imaginar que persona tan aparentemente normal, se haya ganado un carro a costa de las risotadas del público que quince años atrás lo coronó campeón cuentachistes en Sábados Felices.
La poco recordada celebridad del papá Velandia es debida a su torbellino “Las Profesiones”, escrito en el estilo que de pasó marcó la vena creativa de Edson Velandia infante. Ya en la adolescencia, al hijo Velandia le dio por los chistes, la guitarra y otro poco de cosas que lo llevaron a la puerta de la academia y más tarde, o sea ahora, a inventar su propia manera de conjugarlo todo, sin olvidar de dónde es que viene el humor de sus canciones y lo buen payaso en general de su actitud. Por eso dice que su música es “jución”, no “fusión”. Viene más bien como de “conjugar” y “jugar”: jugar a ser alcalde por ejemplo, y conjugarlo con una cabeza de burro.
Sin querer queriendo se puso en escena el juego el 25 de marzo del año 2007. Ese día nada de raro tenía un concierto. En Piedecuesta es normal desde hace 100 años que cada domingo o festivo, la Banda Municipal realice una retreta por la tarde para los paseantes de la plaza principal. Lo anormal fue que al evento se sumase un telonero. Por eso el desfile del “man cabeza’e burro” causó conmoción, sorpresa y regocijo. Luego de verlo pasar con su cortejo musical, inaugurando el concierto, a Don Germán se le notó orgulloso de encontrar encarnado en su heredero aquel “príncipe de la falacia”, regente de risotada y jolgorio.
Así fue el lanzamiento de un nuevo producto: “Once Rasqas”. Y claro, un paso grande de la nueva agrupación: “Velandia y la Tigra”. La euforia del puñado de fanáticos que a trancas corearon sus canciones a pesar del aguacero, por un lado, y de lo intrincado de los textos, por el otro, selló con broche brillante un evento que esperamos no se olvide en un buen rato. Es posible, varias cámaras se encargaron de convertirlo en documento.
Resumamos pues afirmando que el hijo Velandia recibió de su padre el amor y admiración por la carranga. Algo de músico y bachiller le quedó también de los años en el Colegio Departamental “Balbino García”. Remató el prócer con su paso por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, donde tuvo la fortuna de encontrar influyentes maestros como Blas Emilio Atehortúa, quien le aportó algunos secretos propios de la rigurosa formación académica occidental.
En el plano popular, “Santacruz” fue de los primeros intentos, hace poco más de tres lustros. Ese grupo juvenil fue el germen del mentado “Cabuya”, que a su vez fue partícipe en la histórica primera edición del finado Festival Nacional de Fusión de la Universidad Nacional de Colombia (qué lástima ese evento), en el año 2004. De esa forma hicieron público el proyecto por primera vez en la ciudad de Bogotá. Además de las 14 canciones escritas por Edson y Sergio Arias, “Cabuya” entregó con la segunda edición del disco un video dirigido por el mismo Edson.
Lo anterior solo para mencionar con cierta lógica que el hijo Velandia también le jala al audiovisual. Por eso fundó su propia empresa, “Cinechichera Reproducciones”, que le ha patrocinado no se sabe de cómo dónde, caprichos con personajes callejeros y viajecitos variopintos que incluyen desde el caribe, hasta el nordeste antioqueño. Cuentan que por allá entre el rojo monte se vino a encontrar un amor, pero obviamos el tema porque en amores se nos puede ir toda la mañana.
“Cinechichera” ofrece a su público 9 reproducciones: del año 2002, “Péreje”, corto documental de 2 minutos con 4 niños vendedores de semáforo; del año 2005, “El Bendito”, documental sobre el centenario gaitero Enrique Arias, realizado en el marco del festival de gaitas “Francisco Llirene” de Ovejas, Sucre; del mismo año un video-clip de la canción “El campesino alegre” interpretada por Macías, el cantor de Lejanías, cuya realización se desarrolló en Zona Rural de Segovia y Remedios, departamento de Antioquia; 2006 llegó con otro video-clip, la canción “Mono Hit”, que se hizo con los raperos Calle Zona, de Bucaramanga, y la gente de Cabuya. Tremendo tema.
Antes de aquel, en el año 2004, estuvo listo el mencionado video-clip de “El Billetico”, con Cabuya, y finalmente el video de “El Sietemanes”. Decimos que finalmente, porque con éste se cierra una y arranca otra etapa, de la cual son los videos correspondientes a “La Tigra”. “Sietemanes”, primer sencillo de la música rasqa, fue dirigido por el reconocido Rubén Mendoza.
Después de muchos besos y abrazos, el video pudo conocerse en 2007. Le siguieron “La cuña”, realizado por Frank Benites, “Dejo”, realizado por Mendoza, que como insigne caballero se agarro de otra tajada, y “La mafia del aguacate”, otra de esas canciones que, como “El Billetico”, ya venían desde los años de “Cabuya”. Ese lo realizó William Jones.
Van dos discos. El año que no olvida Germán Velandia es 1992. “Las profesiones”, el torbellino garlado, no fue solamente el golpe definitivo de su triunfo en Sábados Felices, sino también una reflexión burlona que, 17 años después, conserva su vigencia: un diálogo efectivo entre la academia y el conocimiento de indumentaria popular. Quizá por eso es uno de los temas más llamativos del disco “Amor, humor y canciones”, producción del año 2007, igual que las “Once Rasqas”. Aquí son diez canciones sobre tópicos variados.
Germán Velandia y su grupo “El Son Picante”, integrado entre otros por el propio papá Velandia, el Ñeque y Mapache, son exponentes de la carranga tipo exportación. Y como aporte especial, hay un tema interpretado por el hijo Velandia, con sección rap montañero a cargo de Sergio Arias, una vez más, ex – militante de “Cabuya”. Éste tema, titulado “Por jin chinita” es de lo más progresivo que se ha hecho en toda la historia del espectro carranguero.
Van tres. El otro se llama “Sócrates”, también de 2007, un disco dedicado a la infancia. Sin embargo, al escucharlo puede notarse que en su concepción la frontera de los años no existe. Es una producción con canciones que perfectamente pueden empatar en un bar, en la sala de la casa o en el jardín infantil. Gran virtud, esta novedosa propuesta fue desarrollada junto a niños y niñas pertenecientes al jardín infantil “La ronda” de Bucaramanga, quienes se entendieron a la perfección con Edson y con Gabriel Matute, bajista de “La Tigra” y escudero efectivo en estas locas aventuras.
Luego de ires y venires, de conciertos en bares anónimos y agarrones familiares, “La Tigra” se coronó un espacio en Rock al Parque 2008. Pero el aguacero, poderoso e invencible como el azar, se fue levantando detrás del escenario y en menos de tres canciones acabó con el tímido solecito y de paso la mejor cara que pudo poner el pobre cabeza e’burro. Alcanzaron a tocar cuatro canciones, pero luego de todo este carretazo, el lector entenderá el nivel de frustración con el que quedamos los pocos asistentes.
Culpa de nadie, pero que sea un motivo, (salud), para estar atentos de lo que sucede en estos días con “Velandia y la Tigra”. Junio, 2009, mes del lanzamiento de su esperada segunda producción. Con sus palabras: “En este capitulo el man Cabeza e´burro personifica a Miles Broncas, mejor conocido como Superzencillo, ¿un super héroe del monte?, ¿un burro con plata?”.
En la Radio Nacional se le escucha hace días el discazo y podemos decir que el hijo Velandia, aunque terco, no es ningún burro. Y claro, pocos billetes, pero dignos de mucha confianza. Edson Velandia es un fruto sin gusano. Bien lo dijo en otra rasqa: para pelearle al diestro, mejor entrenarse en páramo. “Superzencillo”.
Cinco, salgo a seguir buscando.
JOSÉ PERILLA
Junio de 2009
A continuación un breve perfil del personaje, inspirado en su música (es músico, si señoras), en sus discos y en lo conmovedor de su presencia cuando decide pararse en el escenario. Aquí no hablamos de carrera, mejor referirse a una trocha de experiencias de eso que a falta de etiqueta se puede denominar “perspectiva interdisciplinaria”. Cuidado con las ramas.
Cuenta Velandia con la nada despreciable cifra de cinco producciones discográficas, aunque no todas hechas por el solito. De primerazo, un disco que pudo ser, pero no fue, un gran paso en no se sabe qué dirección, solo se sabe que gran paso. La agrupación “Cabuya”, que jugó con Edson en la delantera, dio a conocer su primer trabajo en el año 2004. Decimos que “pudo ser” porque “Comienza el garroteo”, como se titula el ejemplar, es uno de esos casos con los que, tristemente, “no paso nada”.
Pasó mucho en realidad, pero nada prosperó. Como que sí se conoció Cabuya, como que no, y todos los conciertos en Bogotá se llenaban, pero entonces, cuando se animaron a trastearse de Bucaramanga a la temible capital, pues el capital mismo se encargó de reventarlos. El primero en salir a volar fue don Velandia. Aquí que no peco dijo y de una vez fue que empacando la maleta agarró su soberana y de vuelta pa’ Piedecuesta, su pueblo. Sin echarle mucho lápiz, puede decirse que un gran logro de esa etapa fue allanar terreno para nuevas producciones.
Entre el año 2006 y el 2007, Edson habitaba a ratos en la casa de su padre, Germán Velandia, otro de esos indomables del verbo musical. Lo saludé de mano un domingo cuando muy atento del esférico, don Germán esperaba el gran evento de la tarde viendo la televisión. Aún me cuesta imaginar que persona tan aparentemente normal, se haya ganado un carro a costa de las risotadas del público que quince años atrás lo coronó campeón cuentachistes en Sábados Felices.
La poco recordada celebridad del papá Velandia es debida a su torbellino “Las Profesiones”, escrito en el estilo que de pasó marcó la vena creativa de Edson Velandia infante. Ya en la adolescencia, al hijo Velandia le dio por los chistes, la guitarra y otro poco de cosas que lo llevaron a la puerta de la academia y más tarde, o sea ahora, a inventar su propia manera de conjugarlo todo, sin olvidar de dónde es que viene el humor de sus canciones y lo buen payaso en general de su actitud. Por eso dice que su música es “jución”, no “fusión”. Viene más bien como de “conjugar” y “jugar”: jugar a ser alcalde por ejemplo, y conjugarlo con una cabeza de burro.
Sin querer queriendo se puso en escena el juego el 25 de marzo del año 2007. Ese día nada de raro tenía un concierto. En Piedecuesta es normal desde hace 100 años que cada domingo o festivo, la Banda Municipal realice una retreta por la tarde para los paseantes de la plaza principal. Lo anormal fue que al evento se sumase un telonero. Por eso el desfile del “man cabeza’e burro” causó conmoción, sorpresa y regocijo. Luego de verlo pasar con su cortejo musical, inaugurando el concierto, a Don Germán se le notó orgulloso de encontrar encarnado en su heredero aquel “príncipe de la falacia”, regente de risotada y jolgorio.
Así fue el lanzamiento de un nuevo producto: “Once Rasqas”. Y claro, un paso grande de la nueva agrupación: “Velandia y la Tigra”. La euforia del puñado de fanáticos que a trancas corearon sus canciones a pesar del aguacero, por un lado, y de lo intrincado de los textos, por el otro, selló con broche brillante un evento que esperamos no se olvide en un buen rato. Es posible, varias cámaras se encargaron de convertirlo en documento.
Resumamos pues afirmando que el hijo Velandia recibió de su padre el amor y admiración por la carranga. Algo de músico y bachiller le quedó también de los años en el Colegio Departamental “Balbino García”. Remató el prócer con su paso por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, donde tuvo la fortuna de encontrar influyentes maestros como Blas Emilio Atehortúa, quien le aportó algunos secretos propios de la rigurosa formación académica occidental.
En el plano popular, “Santacruz” fue de los primeros intentos, hace poco más de tres lustros. Ese grupo juvenil fue el germen del mentado “Cabuya”, que a su vez fue partícipe en la histórica primera edición del finado Festival Nacional de Fusión de la Universidad Nacional de Colombia (qué lástima ese evento), en el año 2004. De esa forma hicieron público el proyecto por primera vez en la ciudad de Bogotá. Además de las 14 canciones escritas por Edson y Sergio Arias, “Cabuya” entregó con la segunda edición del disco un video dirigido por el mismo Edson.
Lo anterior solo para mencionar con cierta lógica que el hijo Velandia también le jala al audiovisual. Por eso fundó su propia empresa, “Cinechichera Reproducciones”, que le ha patrocinado no se sabe de cómo dónde, caprichos con personajes callejeros y viajecitos variopintos que incluyen desde el caribe, hasta el nordeste antioqueño. Cuentan que por allá entre el rojo monte se vino a encontrar un amor, pero obviamos el tema porque en amores se nos puede ir toda la mañana.
“Cinechichera” ofrece a su público 9 reproducciones: del año 2002, “Péreje”, corto documental de 2 minutos con 4 niños vendedores de semáforo; del año 2005, “El Bendito”, documental sobre el centenario gaitero Enrique Arias, realizado en el marco del festival de gaitas “Francisco Llirene” de Ovejas, Sucre; del mismo año un video-clip de la canción “El campesino alegre” interpretada por Macías, el cantor de Lejanías, cuya realización se desarrolló en Zona Rural de Segovia y Remedios, departamento de Antioquia; 2006 llegó con otro video-clip, la canción “Mono Hit”, que se hizo con los raperos Calle Zona, de Bucaramanga, y la gente de Cabuya. Tremendo tema.
Antes de aquel, en el año 2004, estuvo listo el mencionado video-clip de “El Billetico”, con Cabuya, y finalmente el video de “El Sietemanes”. Decimos que finalmente, porque con éste se cierra una y arranca otra etapa, de la cual son los videos correspondientes a “La Tigra”. “Sietemanes”, primer sencillo de la música rasqa, fue dirigido por el reconocido Rubén Mendoza.
Después de muchos besos y abrazos, el video pudo conocerse en 2007. Le siguieron “La cuña”, realizado por Frank Benites, “Dejo”, realizado por Mendoza, que como insigne caballero se agarro de otra tajada, y “La mafia del aguacate”, otra de esas canciones que, como “El Billetico”, ya venían desde los años de “Cabuya”. Ese lo realizó William Jones.
Van dos discos. El año que no olvida Germán Velandia es 1992. “Las profesiones”, el torbellino garlado, no fue solamente el golpe definitivo de su triunfo en Sábados Felices, sino también una reflexión burlona que, 17 años después, conserva su vigencia: un diálogo efectivo entre la academia y el conocimiento de indumentaria popular. Quizá por eso es uno de los temas más llamativos del disco “Amor, humor y canciones”, producción del año 2007, igual que las “Once Rasqas”. Aquí son diez canciones sobre tópicos variados.
Germán Velandia y su grupo “El Son Picante”, integrado entre otros por el propio papá Velandia, el Ñeque y Mapache, son exponentes de la carranga tipo exportación. Y como aporte especial, hay un tema interpretado por el hijo Velandia, con sección rap montañero a cargo de Sergio Arias, una vez más, ex – militante de “Cabuya”. Éste tema, titulado “Por jin chinita” es de lo más progresivo que se ha hecho en toda la historia del espectro carranguero.
Van tres. El otro se llama “Sócrates”, también de 2007, un disco dedicado a la infancia. Sin embargo, al escucharlo puede notarse que en su concepción la frontera de los años no existe. Es una producción con canciones que perfectamente pueden empatar en un bar, en la sala de la casa o en el jardín infantil. Gran virtud, esta novedosa propuesta fue desarrollada junto a niños y niñas pertenecientes al jardín infantil “La ronda” de Bucaramanga, quienes se entendieron a la perfección con Edson y con Gabriel Matute, bajista de “La Tigra” y escudero efectivo en estas locas aventuras.
Luego de ires y venires, de conciertos en bares anónimos y agarrones familiares, “La Tigra” se coronó un espacio en Rock al Parque 2008. Pero el aguacero, poderoso e invencible como el azar, se fue levantando detrás del escenario y en menos de tres canciones acabó con el tímido solecito y de paso la mejor cara que pudo poner el pobre cabeza e’burro. Alcanzaron a tocar cuatro canciones, pero luego de todo este carretazo, el lector entenderá el nivel de frustración con el que quedamos los pocos asistentes.
Culpa de nadie, pero que sea un motivo, (salud), para estar atentos de lo que sucede en estos días con “Velandia y la Tigra”. Junio, 2009, mes del lanzamiento de su esperada segunda producción. Con sus palabras: “En este capitulo el man Cabeza e´burro personifica a Miles Broncas, mejor conocido como Superzencillo, ¿un super héroe del monte?, ¿un burro con plata?”.
En la Radio Nacional se le escucha hace días el discazo y podemos decir que el hijo Velandia, aunque terco, no es ningún burro. Y claro, pocos billetes, pero dignos de mucha confianza. Edson Velandia es un fruto sin gusano. Bien lo dijo en otra rasqa: para pelearle al diestro, mejor entrenarse en páramo. “Superzencillo”.
Cinco, salgo a seguir buscando.
JOSÉ PERILLA
Junio de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA: THE NEW POWER GENERATION
El Rey Checho
La liturgia vallenatera tiene nuevo pontífice. Sergio Luis Rodríguez compañero de fórmula de Peter Manjarrez. Un rey de 23 años con altos bríos. Aclamado por su fanaticada, omnipresente en los medios, vendedor de discos, y portador en su expediente del Grammy Latino.
Pegado del cordón umbilical al festival, tocando desde los 5 años, Sergio Luis Rodríguez se coronó Rey Infantil en el 94 y Rey de Reyes Infantil en el 97. Aleccionado por el Turco Gil se encumbró punta de acordeón. Vulneró los oídos de Clinton en la Casablanca en el 99, y ganó el reciente Grammy Latino con el disco Sólo Clásicos que grabó al lado de Peter Manjarrez y de Emilianito Zuleta. Con técnica poderosa, mucho feeling, y un apabullante son compuesto por él, doblegó jurados y audiencia, que se rindieron y repitieron en sus proclamas el título de la puya “Vuelve Checho”. Checho es el Rey Vallenato. Una figura que se dio a conocer bajo los focos de la movida que se llamó la nueva ola, pero que sigue amarrado a los rumores de viejas voces y a las raíces del árbol que plantaron los juglares. Un acordeonero joven que lidia con tarimas locales e internacionales. Con fans histéricas, con fotógrafos, estudios de grabación, alfombras rojas, grandes shows, y con la tarea de enrumbar a la humanidad. La relampagueante carrera Sergio Luis, da al ícono de Rey el estatus de luminaria, un peldaño más para la ascensión del vallenato.
Vallenato con nuevo poder
El engranaje poderoso del vallenato aumenta su fuerza y con Festival de La Leyenda continua renovando las fachadas, inyectando sangre fresca, y apuntando a bombardear incisivamente audiencias nacionales y de fuera con el género musical más importante en Colombia. Sin dejar de exaltar los eternos héroes vallenateros, en el festival retumbó una nueva generación que aprendió de los cabecillas e invocó las almas más rezadas del vallenato. No se dejó de mencionar a Alejo, , a Colacho, o a Luis Enrique. El sonido de la caja, la guacharaca y el acordeón se esparció por el aire y no hubo que ser veterano ni costeño para hacer vallenato.
El rey de la piqueria fue un niño de 13 años que advirtió a su contrincante: “No me trates suavecito, mira que tengo talento...” la mejor canción inédita quedó en cabeza de un compositor de Quibdó que afirmó “Yo también soy vallenato” y hasta a Daddy Yankee se le escuchó la famosa “Oye bonita cuando me estás mirando.....”
La liturgia vallenatera tiene nuevo pontífice. Sergio Luis Rodríguez compañero de fórmula de Peter Manjarrez. Un rey de 23 años con altos bríos. Aclamado por su fanaticada, omnipresente en los medios, vendedor de discos, y portador en su expediente del Grammy Latino.
Pegado del cordón umbilical al festival, tocando desde los 5 años, Sergio Luis Rodríguez se coronó Rey Infantil en el 94 y Rey de Reyes Infantil en el 97. Aleccionado por el Turco Gil se encumbró punta de acordeón. Vulneró los oídos de Clinton en la Casablanca en el 99, y ganó el reciente Grammy Latino con el disco Sólo Clásicos que grabó al lado de Peter Manjarrez y de Emilianito Zuleta. Con técnica poderosa, mucho feeling, y un apabullante son compuesto por él, doblegó jurados y audiencia, que se rindieron y repitieron en sus proclamas el título de la puya “Vuelve Checho”. Checho es el Rey Vallenato. Una figura que se dio a conocer bajo los focos de la movida que se llamó la nueva ola, pero que sigue amarrado a los rumores de viejas voces y a las raíces del árbol que plantaron los juglares. Un acordeonero joven que lidia con tarimas locales e internacionales. Con fans histéricas, con fotógrafos, estudios de grabación, alfombras rojas, grandes shows, y con la tarea de enrumbar a la humanidad. La relampagueante carrera Sergio Luis, da al ícono de Rey el estatus de luminaria, un peldaño más para la ascensión del vallenato.
Vallenato con nuevo poder
El engranaje poderoso del vallenato aumenta su fuerza y con Festival de La Leyenda continua renovando las fachadas, inyectando sangre fresca, y apuntando a bombardear incisivamente audiencias nacionales y de fuera con el género musical más importante en Colombia. Sin dejar de exaltar los eternos héroes vallenateros, en el festival retumbó una nueva generación que aprendió de los cabecillas e invocó las almas más rezadas del vallenato. No se dejó de mencionar a Alejo, , a Colacho, o a Luis Enrique. El sonido de la caja, la guacharaca y el acordeón se esparció por el aire y no hubo que ser veterano ni costeño para hacer vallenato.
El rey de la piqueria fue un niño de 13 años que advirtió a su contrincante: “No me trates suavecito, mira que tengo talento...” la mejor canción inédita quedó en cabeza de un compositor de Quibdó que afirmó “Yo también soy vallenato” y hasta a Daddy Yankee se le escuchó la famosa “Oye bonita cuando me estás mirando.....”
lunes, 27 de abril de 2009
A mover la platica
La montaña vigila la ciudad, cuida a los habitantes, ella más que nadie sabe a qué suena ese asfalto, alerta desde su imponente mirada las ideas de los músicos, cela sus pensamientos, despierta y se acuesta con ellos. Y es justamente allí, en la capital de la montaña, donde proliferan un buen número de inquietos seres por el arte del sonido.
De pie, en el cerro del cacique Nutibara, abro mis oídos al calidoscopio que encuentro en una urbe que se empeña en crecer sin límite alguno. Y así como se expande la ciudad, cada vez es más amplio el abanico musical; porque Medellín tiene ese no sé qué que tanto me atrae, una misteriosa particularidad sin adjetivo, pero con verbos tan sensibles como: “bailar”, “vacilar”, “componer”, “tocar”, “pensar”, “sentir” y “querer”. Es sabroso y profundo, melancólico y alegre, hay tango y rock, arepa y mondongo, y forasteros como el Reggeton, que han logrado violar el oído de los jóvenes, privándolos de disfrutar lo que se cultiva en la tierrita tricolor.
En las salas de ensayo Artefacto, G-95, Jontre, Alejo García, Providencia, EL Colectivo, Green Monkey, Polaroid, Parlantes, De Bruces a Mí, La República o, Puerto Candelaria, siguen nadando contra la corriente, haciendo caso omiso a las tendencias comerciales para embarcarse sin pelos en la lengua en su propia travesía por la Independencia musical.
Hoy, volando por encima de las nubes, observando desde miles de pies de altura un pedacito de la geografía de Locombia y con el rugido del motor de fondo, una robusta canción retumba en mi mente, como un eco que no se va, con la resaca viva de una noche interminable y difícilmente inolvidable. TARTAMUDO de Gordo`s Project logra opacar el ruido y colarse en mi playlist mental. Ellos son un claro ejemplo de las dificultades de ser artista, en términos capitalistas, y de vivir en una ciudad cuyos espacios para el arte son reducidos, mientras las ideas tienen que vivir aprisionadas porque no hay quien les de luz verde para despegar. Algo infortunado, pero aún así nadie baja la guardia, rompen las barreras y cruzan espesas nubes, como las que hacen tambalear este pájaro de acero que me lleva de vuelta a la capital con una inquietud: sobra talento pero falta acción y visión.
Estoy por aterrizar, el piloto ha anunciado la abrochada del cinturón para descender en lo que para muchos es la panacea, la gran metrópoli. Aquí o allá, estamos en las mismas, mientras no haya compromiso, unión y un objetivo claro, nuestros músicos y su arte seguirán siendo intentos en vano. No hay nada mejor que casa, versa el señor Cerati, pero quisiera que esta casa fuera una sola y que en ella hubiese cabida para todos.
Veo por la ventana mi montaña cachaca y entiendo que toda esa cordillera es una sola. A mover la patica, es lo que queda por hacer, mientras un milagro nos salva.
De pie, en el cerro del cacique Nutibara, abro mis oídos al calidoscopio que encuentro en una urbe que se empeña en crecer sin límite alguno. Y así como se expande la ciudad, cada vez es más amplio el abanico musical; porque Medellín tiene ese no sé qué que tanto me atrae, una misteriosa particularidad sin adjetivo, pero con verbos tan sensibles como: “bailar”, “vacilar”, “componer”, “tocar”, “pensar”, “sentir” y “querer”. Es sabroso y profundo, melancólico y alegre, hay tango y rock, arepa y mondongo, y forasteros como el Reggeton, que han logrado violar el oído de los jóvenes, privándolos de disfrutar lo que se cultiva en la tierrita tricolor.
En las salas de ensayo Artefacto, G-95, Jontre, Alejo García, Providencia, EL Colectivo, Green Monkey, Polaroid, Parlantes, De Bruces a Mí, La República o, Puerto Candelaria, siguen nadando contra la corriente, haciendo caso omiso a las tendencias comerciales para embarcarse sin pelos en la lengua en su propia travesía por la Independencia musical.
Hoy, volando por encima de las nubes, observando desde miles de pies de altura un pedacito de la geografía de Locombia y con el rugido del motor de fondo, una robusta canción retumba en mi mente, como un eco que no se va, con la resaca viva de una noche interminable y difícilmente inolvidable. TARTAMUDO de Gordo`s Project logra opacar el ruido y colarse en mi playlist mental. Ellos son un claro ejemplo de las dificultades de ser artista, en términos capitalistas, y de vivir en una ciudad cuyos espacios para el arte son reducidos, mientras las ideas tienen que vivir aprisionadas porque no hay quien les de luz verde para despegar. Algo infortunado, pero aún así nadie baja la guardia, rompen las barreras y cruzan espesas nubes, como las que hacen tambalear este pájaro de acero que me lleva de vuelta a la capital con una inquietud: sobra talento pero falta acción y visión.
Estoy por aterrizar, el piloto ha anunciado la abrochada del cinturón para descender en lo que para muchos es la panacea, la gran metrópoli. Aquí o allá, estamos en las mismas, mientras no haya compromiso, unión y un objetivo claro, nuestros músicos y su arte seguirán siendo intentos en vano. No hay nada mejor que casa, versa el señor Cerati, pero quisiera que esta casa fuera una sola y que en ella hubiese cabida para todos.
Veo por la ventana mi montaña cachaca y entiendo que toda esa cordillera es una sola. A mover la patica, es lo que queda por hacer, mientras un milagro nos salva.
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